jueves, 4 de febrero de 2010

Del gueto de Varsovia a la comuna en Siberia

La familia Henelde pudo cruzar la frontera a Bielorrusia, pero el calvario duró una década

Rhoda Henelde (Varsovia, 1938), ayer en Madrid


(04/02/2010 - R. C., Madrid, Larazon.es)
Los abuelos maternos de Rhoda Henelde Abecasis localizaron a un campesino vecino de Biala Podlaska (Polonia) para que escondiera a su hija, su nieta y su yerno en su carro de heno y les cruzara ilegalmente la frontera de Bielorrusia. Corría el año 1939 y el padre de Rhoda había conseguido escapar milagrosamente del gueto de Varsovia. Entonces su padre –un licenciado que trabajaba como contable antes de la invasión de los nazis– militaba en el Partido Comunista y creía que la república soviética sería un buen refugio. La familia materna, seguidores de la rama jasídica del judaísmo, prefirieron quedarse en sus hogares. Nunca más se volvieron a encontrar. En Bielorrusia su padre encontró trabajo, pero los bombardeos de los nazis los obligaron a pedir protección. En los asilos habilitados, las autoridades soviéticas se percataron de que la familia Henelde había entrado sin documentación. «Mi padre tuvo que alistarse en el Ejército Rojo y a mi madre y a mí nos enviaron a una comuna urbana en Tomsk, Siberia», explica. «De esa época –añade– recuerdo el frío intenso. Me cubría con una especie de bufanda toda la cara. Incluso los ojos. Y me ponía trapos en los pies, por debajo de las botas de fieltro», explica Rhoda en una cafetería de la capital. Asegura que se salvaron de los gulags porque su madre estaba embarazada y dio a luz, sola, a su «hermanito». «El frío y el hambre eran nuestros enemigos cotidianos», continúa. Bien temprano por la mañana tenían que hacer cola para obtener su ración de pan. «Luego mi madre nos dejaba en una especie de guardería y ella se iba a limpiar los cuarteles militares», continúa. Pronto el hambre hizo mella, sobre todo en su hermano menor, que murió de inanición cuando apenas tenía unos meses de vida. «Mi madre me explicó que mi hermano no vivía y me pidió que me quedara vigilando su cuerpo mientras ella se iba a buscar ayuda. Yo no acababa de entender lo que significaba la muerte y le canté una ‘nana’. Mi madre volvió con una pala», explica sin poder contener la emoción. Tras la muerte de su hermano, llegó la de su padre. Ocurrió justo después de que le concedieran un permiso de diez días. «Fueron unos días fantásticos. El primer día cenamos los víveres que había traído mi padre», continúa. Tras este paréntesis de felicidad, tuvo que irse al frente y ya no volvió. Terminó la guerra, pero no las persecuciones antisemitas. Dejaron Siberia y se trasladaron a Ucrania. En concreto, a la región de Krasnodarsky, donde necesitaban mano de obra para trabajar en el campo. Allí les esperaban humillaciones y palizas por ser judías. «Aprendí a correr y escaparme del maltrato de mis compañeros. La profesora me llamaba ‘la judía’», explica. En esa búsqueda desesperada por la tranquilidad, regresaron a Polonia. En el tren viajaron con judíos de los campos de concentración. «Eran esqueletos», apunta. Los bajaron en una ciudad derruida de la Baja Silesia. Los locales, sin embargo, recibieron a los judíos con los puños en alto. «Temían que exigieran sus propiedades. Pero no era la única razón del odio», matiza. Tuvieron que vivir recluidas. Fue una brigada de judíos palestinos que habían combatido en la II Guerra Mundial la que consiguió sacarlas de allí. Madre e hija fueron obligadas a separarse durante un año. Hasta que se reencontraron en Kassel, en la Alemania Occidental. Vivieron varios años en otro campo de refugiados y soñaban con afincarse un día en el Estado de Israel. Lo consiguió, pero el amor la trajo, definitivamente, a España.

2 comentarios:

Andre dijo...

Me parece que hay muchos errores en este articulo -
en 1939 no había guetto en Varsovia, hasta que alemanes nazis empezaron hacerlo en otoño del 1940...
Krasnodarskiy Kray no está en Ucrania -
"En el tren viajaron con judíos de los campos de concentración"
¿Cuando? ¿de donde?
No entiendo que significa 'locales en Baja Silesia' justo despues de la guerra en 1945 ...
?

Lo siento , en LaRazon no se puede publicar comentarios, pues lo pongo aqui.
Seguiré leyendo tu blog con interes,
como un polaco en Barcelona.

!Saludos!

Emilio dijo...

Te felicito por esta nota, Néstor, es realmente estremecedora. Mis felicitaciones a la Sra. Rhoda, por su trabajo de traducción y difusión de uno de mis autores más queridos, Isaac Bashevis Singer. En cuanto a al comentario del Sr. André, creo que emana el tufo antisemita que tan mal parado deja a algunos polacos en el mundo. Puede que la Sra Rodha haya confundido algunos datos o fechas, pero eso no invalida su testimonio. Un gran saludo a Ud. y a la Sra. Rhoda Henelde Abecassis desde Argentina.